Liderar nuestras organizaciones ya era un desafío y el COVID-19 lo acentúa aún más

Liderar nuestras organizaciones ya era un desafío y el COVID-19 lo acentúa aún más

En menos de un siglo, en un abrir y cerrar ojos en la evolución de la especie humana, se han conseguido enormes progresos para la humanidad. Se ha tejido una amplia red de facultades, hospitales y centros de investigación, con el objetivo de formar un sistema sanitario altamente sofisticado, que ha permitido aumentar la esperanza de vida de los ciudadanos en casi 20 años. El mundo ha progresado considerablemente en lo que se refiere a la supervivencia y la medicina infantil. Antiguas enfermedades como la lepra o la tuberculosis ya forman parte de los libros de historia. En el mundo académico, una red de escuelas de educación primaria y secundaria, así como una larga lista de universidades, han proporcionado a millones de niños y jóvenes una educación de calidad, mientras que, en el pasado, únicamente era un privilegio de unos pocos elegidos.

Las grandes y pequeñas empresas que forman nuestra economía han generado niveles de abundancia sin precedentes. Hemos sido capaces de construir grandes cadenas de suministro que vinculan a organizaciones y empresas de todo el mundo.

A pesar de estos avances, existe la sensación generalizada de que la actual gestión de dichas organizaciones ha llegado a su límite. El día a día en ellas es cada vez más difícil y menos ilusionante. Para las personas que se encuentran en la parte inferior o media de la organización, el trabajo es cada vez más tedioso y menos gratificante. En la cima de la pirámide, la situación no es mucho más satisfactoria. Detrás de la actividad frenética que representa la dirección de las organizaciones, entre sus dirigentes también se oculta una sensación de miedo y preocupación creciente.

A pesar de intentar aplicar soluciones de cambio basadas en nuevas estrategias, nuevos cuadros de mando, nuevos programas de incentivos, nuevos sistemas informáticos…, parece como si hubiéramos llegado al límite, y todas estas recetas, a la larga, tienden a convertirse más en un problema que en una solución.

Esta pandemia provocada por el COVID-19 abre una nueva etapa para las empresas y para nuestra sociedad

Después de esta crisis global se abrirá una nueva etapa, donde será primordial alcanzar niveles de conciencia más elevados. Tal y como decía Peter Ducker, “el mayor peligro en tiempos de turbulencias no es la turbulencia en sí misma, sino actuar con la misma lógica que antes”.

Deberemos pensar en nuevas formas de actuar, así como en distintas fórmulas de colaboración entre empresas. La respuesta deberá ser rápida, anticipando escenarios y adoptando medidas para mantener la actividad, el empleo y salir reforzados.

Lo que está claro, ahora más que nunca, es que toca preservar a nuestros profesionales. El principal valor de una empresa no reside en sus sistemas, su tecnología, su maquinaria ni en sus procesos. El talento y la actitud del equipo humano son los auténticos activos de una empresa. Estas dependen de las personas que trabajan en ellas, de su implicación y compromiso, de sus ganas de mejorar y de su actitud. Los productos y servicios cada vez son más similares, de modo que lo que marca la diferencia, sin lugar a dudas, son los equipos y las personas.

Por otro lado, será imprescindible pensar en nuestros clientes y ponernos a su lado para conocer e identificar qué está pasando, qué dificultades tienen, o cómo visualizan el futuro, ya que nuestra recuperación pasa por su recuperación.

Con la crisis por Covid-19, las cadenas de producción se han detenido y los suministros de determinados bienes se ven amenazados, todo ello está poniendo en relieve la gran dependencia que Europa tiene de mercados como el asiático. Esto mismo, se puede ejemplarizar con la crisis de suministro de material sanitario que está teniendo lugar actualmente. También muchas fábricas de automóviles u otros productos han tenido que reducir o interrumpir su producción por falta de componentes esenciales. Muchas de estas empresas ya se han percatado de los riesgos de esta sobre dependencia y se plantean ponerle freno. Todo parece indicar que la crisis generada por este virus causará el retorno al origen de la actividad productiva, cerca de los centros de consumo.

Durante estos últimos días y semanas, la emergencia sanitaria ha puesto a trabajar a muchas empresas de forma desinteresada en soluciones para contribuir a paliar la urgente necesidad de material en los centros sanitarios. Algunas de estas empresas han sido capaces de reconvertir sus líneas de producción para fabricar batas o mascarillas. También han utilizado sus medios de impresión 3D para desarrollar piezas críticas y necesarias para combatir el Covid-19, como los equipos de respiración. En definitiva, todo un ejemplo de superación y adaptación que pone de manifiesto que aquellas organizaciones más resilientes serán las capaces de abordar mejor el futuro. Como dice Frederic Laloux:

Será primordial confiar en la abundancia de la vida y no vivir la vida desde el miedo y la escasez. Tendremos que cruzar el abismo y aprender a disminuir la necesidad de tener controladas las situaciones. Habrá que tomar decisiones arriesgadas, creer que las cosas saldrán bien, y si ocurre algo inesperado, siempre podremos pensar que hemos tenido una oportunidad para aprender y crecer.

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